La cervecería que le dijo al mundo que la cerveza artesanal podía ser punk, rentable y global acaba de venderse por £33 millones a una empresa estadounidense de cannabis y bebidas. Tilray se queda con los activos. Casi 500 personas pierden el trabajo. Y 200.000 «equity punks» — los inversores que creyeron en James Watt desde el primer día — se quedan sin nada.
Eso es BrewDog en 2026. No un cierre silencioso. Una implosión a cámara lenta.
De un garage en Ellon a símbolo de una generación
En 2007, James Watt y Martin Dickie fundaron BrewDog en Ellon, Escocia, con una receta de cerveza y mucho ruido. Lo que construyeron después fue más que una cervecería: fue un movimiento. Abrieron el crowdfunding a consumidores normales cuando nadie lo hacía. Se llamaron a sí mismos punks. Pusieron cervezas con 18% ABV y nombres provocadores en las mismas tiendas donde antes solo había Heineken y Budweiser.
Funcionó. BrewDog se convirtió en la palanca que abrió el mercado craft en Europa. Si hoy cualquier supermercado en España tiene una estantería entera de IPAs y stouts artesanas, parte de ese crédito —aunque nos pese o no— le pertenece a ellos.
Cómo se rompe algo que parecía irrompible
El problema con construir un mito es que en algún momento tienes que pagar el alquiler.
BrewDog multiplicó locales a una velocidad absurda. Bares en Tokio, Columbus, São Paulo. Un resort en Ohio. Un hotel en Ellon. La expansión se financió con más crowdfunding, más deuda, más promesas. Mientras tanto, las denuncias internas sobre cultura tóxica empezaron a salir a la luz. James Watt dejó el cargo de CEO en mayo de 2024. Ese mismo año la empresa reportó pérdidas de £59 millones. En 2025, £37 millones más de pérdidas, con ventas creciendo apenas un 1%.
Cerraron 10 bares en julio de 2025. Vendieron su finca escocesa de «rewilding» —comprada en 2020 con gran fanfarria medioambiental— por debajo del precio de mercado. Y en marzo de 2026, Tilray se lleva lo que queda a precio de liquidación.
El punk no murió con un riff. Murió en un balance contable.
¿Está en crisis el craft beer? No. Está limpiándose.
Acá es donde hay que ser claros, porque mucha gente va a usar la caída de BrewDog para decretar el fin del craft beer. Eso es una lectura perezosa.
Lo que está muriendo es un modelo: el de la cervecería artesanal que quiere ser Coca-Cola. El de la startup que crece a cualquier costo para captar inversión, que pone el marketing por delante del líquido, que abre bares como quien planta banderas en un mapa.
Las cervecerías independientes de verdad —las que tienen un dueño con nombre y apellido, que conoce a sus clientes, que cuida cada lote— siguen en pie. En muchos casos, más fuertes que antes, porque cuando BrewDog copaba los lineales con su marca «punk», le comía espacio a productores mejores y más honestos.
En Rock N Hopz llevamos años apostando por eso: más de 283 cervezas craft de todo el mundo, seleccionadas una por una. BrewDog estuvo en nuestra carta — y la sacamos el día que Tilray la compró. No fue un gesto simbólico. Fue una decisión de selección: cuando una cervecería deja de ser independiente, deja de encajar en lo que somos. Lo mismo pasó con Beavertown cuando InBev entró. Hay una Ārpus de Riga que ocupa ese espacio ahora mismo, y lo ocupa mejor.
El craft beer no cierra. El hype mal gestionado cierra. Hay una diferencia enorme.
En resumen
- BrewDog fue vendida a Tilray por £33M en 2026, con casi 500 empleos destruidos y 200.000 inversores minoristas sin retorno.
- La causa no fue el craft beer: fue un modelo de expansión insostenible combinado con pérdidas acumuladas de casi £100M en dos años.
- El sector craft sigue vivo: las cervecerías independientes de escala humana son más resilientes que nunca.
- La lección para los bares: apostar por productores reales y selección honesta vale más que seguir a la marca del momento.
Rock N Hopz — C. Hernán Cortés 2 Local 33, La Tejita, Tenerife Sur. Más de 283 cervezas craft. L/J/V/S/D 13:00–23:00.